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sábado, 13 de mayo de 2017
"Te encontré en el desván", en Madrid.
Los pasados días 27, 28 y 29 de abril de 2017 tuve la gran oportunidad y el orgullo de presentar mi novela en distintos lugares de la capital de España, en Madrid.
PRESENTACIÓN EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DEL POZO DEL TÍO RAIMUNDO (VALLECAS)
El jueves día 27 de abril, a las 19:00 horas, tuvo lugar la primera de las tres presentaciones. En concreto, fue en la sala polivalente de la biblioteca municipal del Pozo del Tío Raimundo.
Tuve el honor de poder estar acompañado por mi "agenta", Tamara López, creadora de la web cultural Chica Sombra http://www.chica-sombra.com/ que se desplazó desde Valencia para presentar el acto, y como no, también para conocernos en persona y echar el día por Madrid. Además, tuve la suerte de conocer a su novio, Edu, un santo varón y todo un crack. En la mesa preparada la ocasión estuvo Eleuterio, "Lute" para los amigos, bibliotecario y extremeño también, que se encargó de organizarlo todo para que no nos faltara de nada y de dar inicio al acto. Pude comprobar de cerca la emoción que sintió porque "nunca había visto esta sala tan llena de gente, espero que tu próximo libro también lo presentes en este lugar y me traigas a tanta gente", estas fueron sus palabras tras comprobar que no disponían de sillas para tanta gente, y que más de uno y de dos se tuvieron que quedar de pie.
He de reconocer que la mayoría de los asistentes eran familiares míos (prácticamente toda mi familia vive en Madrid) aunque también había bastante gente de la biblioteca, del barrio, escritores como David J. Skinner, Óscar Lamela, autor gaditano afincado en Leganés, que al día siguiente también me acompañó en la presentación en el Parque del Buen Retiro.
Fue una presentación muy bonita y emotiva, ya que no suele ocurrir en muchas presentaciones encontrarte con que la mayoría de personajes de un libro estén presentes en el acto. Al final se convirtió en un a tertulia amena y familiar en la que casi todos dieron su opinión.
También he de decir que fue todo un éxito, en cuanto a ventas de la novela se refiere.
PRESENTACIÓN EN LA BIBLIOTECA EUGENIO TRÍAS (CASA DE FIERAS) EN EL EMBLEMÁTICO PARQUE DEL BUEN RETIRO.
Al día siguiente, viernes 28 de abril y a la misma hora, tuvo lugar la presentación en el Parque del Retiro, lugar emblemático de Madrid, en el que nunca hubiera imaginado visitar para presentar un libro mío. Al aproximarme al lugar, caminando por aquel inmenso parque, cargado con mis libros e ilusiones, ya me comenzaron a temblar las piernas al pensar que yo iba a ocupar el sitio en el que algún escritor ídolo mío, había presentado sus obras.
Estuve acompañado por el autor Óscar Lamela, que se encargo de iniciar la presentación, en una de las salas que la inmensa y moderna biblioteca tiene habilitadas para tal fin. Acudió menos público que en Vallecas, pero hubo alguna que otra sorpresa muy agradable entre los asistentes. Me encontré con una paisana de Fuente Del Maestre que reside en la capital, que traía su ejemplar debajo del brazo que había adquirido en uno de sus viajes al pueblo. Le hizo mucha ilusión que se lo firmara y dedicara, y a mí también, claro. Pude conocer en persona a Patricia Darriba, una madrileña a la que conocí a través de un grupo de facebook y que ya me había avisado de su asistencia, "Algo más que lecturas" se llama y es mi grupo preferido. Pilar Camo es otra "algomasera" una maña que conocí en el mencionado grupo. Me hizo creer que no iba a poder asistir porque tenía que trabajar, y tan grande fue mi sorpresa al verla entrar por las puertas una vez que ya había comenzado el acto, que no pude resistirme y me levanté de la mesa en cuanto pude para darle un fuerte abrazo y un beso, eso sí, con lágrimas en los ojos.
PRESENTACIÓN EN LA CASA DE EXTREMADURA DE LEGANÉS.
El sábado, día 28 de abril a las 20.30 horas, fue la presentación de mi novela "Te encontré en el desván", en la Casa de Extremadura de Leganés. Abrió el acto mi acompañante, Jesús Fersán, de Leganés, y miembro de la casa de Extremadura, además de ser el autor de la Saga Sangre, una trilogía que espero que le haga triunfar en este complicado mundo de las letras.
La asistencia no fue todo lo buena que esperábamos, pero es que coincidía que el grupo de coros y bailes se había desplazado para una actuación y con un macro-puente en Madrid. Aún así, tampoco estuvo mal y también hubo alguna que otra sorpresa.
Nada más llegar, nos encontramos con una tía de mi señora que tendrá unos 90 años, residente en Leganés, a la que habían llevado a vernos para asistir a la presentación. Al entrar en la Casa de Extremadura pude ver una cara que me resultó bastante familiar. Se trataba de Fernanda Ramírez, una lectora paisana mía, que lleva viviendo en Madrid unos 40 años. Estuvimos hablando un rato, casi como si nos conociéramos de toda la vida, y haciéndonos alguna que otra fotografía momentos antes de que diera comienzo la presentación.
Ésta puede que sea la que cierre el ciclo de presentaciones iniciado hace ahora algo más de un año, el día 6 de mayo en Fuente Del Maestre, pasando por Zafra, La Garrovilla, Monesterio, Villanueva de la Serena, Almendralejo, Valencia del Ventoso, y que no podía acabar en otro sitio mejor que en Leganés, lugar en el que mi abuelo, protagonista de mi novela y escrito en su memoria, pasó gran parte de sus días.
Muchas gracias a todos.
viernes, 9 de diciembre de 2016
Asociación de escritores extremeños.
/http://www.aeex.es/autores/zambrano-miguel-angel/
En esta entrada encontramos a un tal Zambrano incluido en el diccionario de autores de la asociación de escritores extremeños, algo que me llena de orgullo y es para mí motivo de gran satisfacción.
En esta entrada encontramos a un tal Zambrano incluido en el diccionario de autores de la asociación de escritores extremeños, algo que me llena de orgullo y es para mí motivo de gran satisfacción.
jueves, 31 de julio de 2014
LOS DOS SOLOS.
Era temprano
pero tampoco demasiado. Madrugar para ir de vacaciones es una manía que nunca
he llegado a entender muy bien. Iba concentrado en el volante y en la carretera
cuando de repente escuché una respiración profunda (también podría haberle
llamado un ronquido pero es mi pequeña…) Miro de reojo y ahí está: viste una
camiseta blanca con una inscripción en
inglés en letras muy pequeñas que aún no he intentado traducir, de las
que ella llama “del hombro caído”; un pantalón corto vaquero, nuevo pero ya roto
(esta nueva moda de comprar pantalones rajados tampoco la entiendo. Será que
nos vamos haciendo mayores) unas zapatillas “vans” negras con los cordones
blancos que ya se ha quitado dejando sus pies descalzos.
miércoles, 2 de abril de 2014
VIDAS ROTAS
― Te advertí
que como siguieras con ella, esa puta acabaría contigo. Todo lo que tenías lo
perdiste por ella; consiguió que los que estaban a tu alrededor te abandonaran;
te dejó la cartera sin blanca; te hizo perder hasta los dientes. Robaste y
mentiste por ella. Desde que la conociste arruinaste tu vida. ¡Todo por esa
zorra! No quisiste verlo, te encerraste en ella y nunca escuchaste a nadie.
Estabas enganchado a ella, a esa puta.
Aparté las marchitas flores de la
lápida que dejé en mi última visita y coloqué en su lugar una rosa blanca. Me
volví y me alejé unos pasos. Eché la mirada atrás para ver su foto de reojo,
una vez más.
― Putas drogas.
domingo, 10 de noviembre de 2013
El último viaje.
Esperaba ansioso en el largo y frío pasillo del hospital. Fumaba un cigarrillo tras otro. Sentía arcadas, entre el fuerte olor a lejía del recién fregado suelo mezclado con el humo del tabaco y las entrañas sobrecogidas esperando que alguien se dignara a informarle de lo que ocurría tras aquellas puertas. Deambulaba con la mirada perdida en el infinito. Deberían estar de celebración aquella noche. Su mano estrujaba con fuerza el crucifijo que ella llevaba colgado al cuello. Parecía una princesa con ese bonito vestido blanco de comunión. Se la veía radiante. Las ondulaciones de su negro cabello hacían resaltar, como en un marco, sus brillantes ojillos marrones, su perfilada nariz y su eterna sonrisa. Un ángel.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
A BUEN ENTENDEDOR...
― MICRO
RELATOS―
― No sabes hacerlo, siempre me dejas insatisfecha.
Cabizbajo y decepcionado, guardé mi pluma y los folios en el cajón, y no volví a intentarlo nunca más.
viernes, 2 de agosto de 2013
Futuro imperfecto.
Año 2.050
D.C.
El Atlético de Madrid, por fin, campeón
de la Champions League. Al coincidir con que el Atlético Romaní, antiguo filial
suyo, ganaba su liga de aficionados de un
barrio de Vallecas, y el Real Madrid descendía a tercera por causas administrativas
(todavía debían gran parte de los fichajes de un tal Bale, que la prensa
deportiva se empeñó en que era buenísimo, y de Ronaldo, no el gordo, el guapo,
el que decía que tenía mucha suerte de haberse conocido a sí mismo), sólo tuvo
un pequeño espacio en una de las esquinas de los diarios deportivos (en los
demás, ni nombrarlo).
sábado, 1 de junio de 2013
EN EL ANDÉN
Cuando aquel arcaico e inmundo ferrocarril de mercancías en
el que había cruzado la península de vuelta a casa, se detuvo en el andén de la
remozada estación de Zafra, pude ver a mi señora, aguardando mi regreso, en el
mismo lugar donde nos vimos por última vez. Tras veintiocho meses de ausencia, debido
al servicio militar, volvía a verla. Allí estaba, resguardándose del descomunal
bochorno que hacía en el mes de agosto en nuestra tierra, a la sombra de una
marquesina que yo no recordaba haber visto antes en aquel lugar. Estaba guapa,
muy guapa.
viernes, 24 de mayo de 2013
A CONTRACORRIENTE
Todos los días, el Padre Juan Antonio, recibía en su
casa de la calle Corredera, a una cincuentena de niños entre los tres y los
doce años de edad, a los que intentaba aleccionar en el siempre complicado arte
de la enseñanza. Era el párroco del pueblo, y a su vez, ejercía de maestro.
Era un personaje singular. Pese a su juventud,
rayaría los treinta años, este hijo de adinerados terratenientes, lucía una
incipiente calvicie que intentaba disimular luciendo una gran boina que le
tapaba hasta las orejas de soplillo con las que sujetaba unas gafas de pasta
negras, con cristales de los llamados de “culo de botella”. Era tan chato, que
si no fuera por aquellas enormes orejas, en más de una ocasión, le habrían
resbalado por la cara aquellos anteojos, cuyas patillas se encontraban sujetas
con esparadrapo blanco. Sus minúsculos ojillos se agrandaban detrás de aquellos
voluminosos cristales.
martes, 30 de abril de 2013
EN TU CORAZÓN
Lograré que mi amor no lo olvides, haré que mi nombre
quede no solo grabado en tu corazón sino que perdure por siempre en tus
recuerdos y si es verdad lo que se dice que el amor con el tiempo
muere, haré que el tiempo se detenga por siempre en tu corazón.
domingo, 21 de abril de 2013
Setecientos treinta
Aquella pareja de recién casados fue recibida, al descender
del tren, por un fino velo de lluvia sobre sus cabezas. Oscurecía. La ciudad
eterna les recibía bajo un cielo lúgubre. Cargados con sus pesados equipajes,
se disponían a buscar el hotel en el que pasarían los siguientes siete días.
Salieron de aquella imponente estación (todo en aquella ciudad era colosal) por
una puerta en la que gran cantidad de indigentes, protegidos por unos enormes
soportales, se disponían a pasar la noche tumbados sobre unos cartones a modo
de colchón. Los dejaron a un lado, no sin una desconfiada mirada de reojo,
agarrando fuertemente sus pertenencias y a paso ligero. Él, con su “sagaz”
instinto de orientación, consultó un mapa recién recogido de la oficina de
información, y decidió la dirección que iban a tomar.
sábado, 6 de octubre de 2012
ES TIEMPO DE MANZANAS
Siete y media de la mañana.
Hace cinco minutos que sonó el despertador de su marido. Se despierta
sobresaltada y se levanta de la cama de un brinco. Mira el reloj, “es
tardísimo”, piensa. Busca en el suelo la ropa interior y el pantalón del pijama
de franela, al que su marido llama “el traje de astronauta”, no hay nada de
carne al aire. Se pone la bata y las zapatillas de andar por casa. Pasa por
delante de la cómoda y se ve reflejada en el espejo. Como cada mañana, no le
gusta lo que ve. “Que mala cara tengo”.
martes, 18 de septiembre de 2012
EL SECRETO (6)
La hora de su cita se aproximaba y su inquietud
aumentaba por momentos. Se había puesto una camisa de seda blanca y una corbata
gris, unos pantalones vaqueros negros y una americana a juego. Algo en su
interior le decía que un peligro se cernía sobre él, pero rápidamente se
quitaba esa absurda idea de la cabeza. ¿Quién podía ser DR? ¿Algún bromista? No
conocía a nadie con esas iniciales. ¿Qué le podía hacer Ana? Era una chica
adorable y parecía bastante sincera cuando había hablado con ella. Le había
ayudado mucho en sus investigaciones sobre el código que andaba buscando.
<<El código>> — Pensó.
sábado, 16 de junio de 2012
UN TROCITO DE MÍ
Me encuentro delante del teclado
sin saber que escribir, pienso y no se me ocurre nada que merezca la pena ser
contado, mi vida siempre ha sido de lo más normal. Acabé la EGB con 14 años y
aquel verano, al acabar el último curso, ya estaba con mi padre trabajando en
su taller de carpintería.
Hubiera preferido seguir estudiando porque la verdad es que no se me daba mal, no era ni de los buenos ni de los malos, era de los mejores, como me dijo un día un albañil en una obra en la que estaba montando las puertas: “Tu siempre di que eres de los mejores, ni de los buenos, ni de los malos”, y esas palabras se me quedaron grabadas. Cada vez que coincido con este hombre recuerdo aquellas palabras.
Ahora, con cuarenta años, me he dado cuenta que lo que hizo mi padre por mí, no tiene precio. Me enseñó, sin darme cuenta, que la vida no es como pensamos cuando tenemos esa edad tan mala, como es la adolescencia, cuando pensamos que todo lo que hacen los mayores es para “jodernos” la vida, que lo mejor que podían hacer es dejarnos en paz, que no tienen ni idea de lo que hablan porque nosotros ya “lo sabemos todo”.
Tampoco di muchos problemas, es lo que tiene echarse novia con quince añitos, (y lo peor es que ella tenía trece). Supo conseguir que lo que me parecía a mi más bien un castigo, tener que trabajar con catorce años es ahora, en este tiempo, inimaginable, en que la sobreprotección que ejercemos sobre nuestros hijos les está convirtiendo en una especie de inútiles medio analfabetos, que amara un oficio, mi oficio, el suyo de toda la vida. Trabajar con la madera se ha convertido en un arte para mí. Son muchos años los que se necesitan para llegar a dominar algo casi a la perfección, muchas horas observando al principio, muchas broncas cuando algo no lo hacía bien, incluso lágrimas de rabia y desesperación, de impotencia, que supe aguantar como poca gente haría hoy en día, y ahora veo, con toda claridad, que lo hacía buscando mi bien, que aprendiera y me convirtiera en su sucesor, como así ha sido con el paso de los años. Él ya viene poco por aquí, si bien yo llevo aquí, en el taller desde los catorce, a él no le quedó más remedio que empezar desde muy niño, y ya, casi con sesenta y cinco, está, cómo se suele decir, muy trabajado, y ya le toca descansar, aunque sé que lo echa de menos.
Hubiera preferido seguir estudiando porque la verdad es que no se me daba mal, no era ni de los buenos ni de los malos, era de los mejores, como me dijo un día un albañil en una obra en la que estaba montando las puertas: “Tu siempre di que eres de los mejores, ni de los buenos, ni de los malos”, y esas palabras se me quedaron grabadas. Cada vez que coincido con este hombre recuerdo aquellas palabras.
Ahora, con cuarenta años, me he dado cuenta que lo que hizo mi padre por mí, no tiene precio. Me enseñó, sin darme cuenta, que la vida no es como pensamos cuando tenemos esa edad tan mala, como es la adolescencia, cuando pensamos que todo lo que hacen los mayores es para “jodernos” la vida, que lo mejor que podían hacer es dejarnos en paz, que no tienen ni idea de lo que hablan porque nosotros ya “lo sabemos todo”.
Tampoco di muchos problemas, es lo que tiene echarse novia con quince añitos, (y lo peor es que ella tenía trece). Supo conseguir que lo que me parecía a mi más bien un castigo, tener que trabajar con catorce años es ahora, en este tiempo, inimaginable, en que la sobreprotección que ejercemos sobre nuestros hijos les está convirtiendo en una especie de inútiles medio analfabetos, que amara un oficio, mi oficio, el suyo de toda la vida. Trabajar con la madera se ha convertido en un arte para mí. Son muchos años los que se necesitan para llegar a dominar algo casi a la perfección, muchas horas observando al principio, muchas broncas cuando algo no lo hacía bien, incluso lágrimas de rabia y desesperación, de impotencia, que supe aguantar como poca gente haría hoy en día, y ahora veo, con toda claridad, que lo hacía buscando mi bien, que aprendiera y me convirtiera en su sucesor, como así ha sido con el paso de los años. Él ya viene poco por aquí, si bien yo llevo aquí, en el taller desde los catorce, a él no le quedó más remedio que empezar desde muy niño, y ya, casi con sesenta y cinco, está, cómo se suele decir, muy trabajado, y ya le toca descansar, aunque sé que lo echa de menos.
Hay cosas, que vistas con la perspectiva y la claridad que
dan el paso de los años, que no volvería a repetir, o quizás sí, no lo podría
asegurar. Me viene a la mente ahora mismo, lo de tener novieta con quince años,
me parece una verdadera locura, y así terminó la cosa. Aunque también, en
aquella relación conseguí lo más preciado que un padre puede tener en su vida,
una maravillosa niña, que se ha convertido en una de las razones de mi
existencia, la que me hace sentir una felicidad inmensa con su sonrisa, cuando
me cuenta historietas propias de su edad, de sus nueve años, camino de diez,
sus amigas, sus novios, ¿Quién no ha tenido un novio o una novia con diez años?
¿O unos cuantos a la vez? Esa edad nunca deberíamos abandonarla, esa sí que es
la edad de la inocencia, una época que deberíamos esforzarnos por no abandonar
nunca, intentar no dejar de ser un niño, es tiempo de aventuras, de juegos, de
felicidad.
He vivido la soledad en compañía, es difícil de explicar, pero es más difícil vivirla. Te agarras a cualquier tabla de salvación, en mi caso al deporte que siempre me ha apasionado, el fútbol. Jugar al fútbol en el equipo del pueblo me ayudaba a que el tiempo pasara más deprisa. Después llegó la época de entrenador, mucho más corta que la de jugador y bastante más dura y sacrificada. Ahí, en esos años, conocí al que es hoy el amor de mi vida. Era una más del grupo, trabajaba en la directiva como la que más. Ahí estaba, y yo sin saberlo.
Los libros fueron mi siguiente compañía. Me convertí en un devorador de historias. Mi mente empezó a darse cuenta de que había otros mundos por explorar, que la vida insulsa que llevaba, no me conduciría a nada bueno. Sé que los libros son buena compañía, pero no se pueden comparar con el calor humano, y éste, me faltaba desde hacía bastantes años. Desde que nació mi hija, aunque suene raro, empecé a sentirme más solo que nunca. Ya nada volvió a ser como antes. Me convertí en una especie de electrodoméstico que servía para traer el dinero a casa, y pasar el tiempo libre tumbado en aquel carísimo sillón, con cualquier libro entre las manos.
Mi cabeza explotó. No hay nada que se controle menos que una cabeza enferma, y un corazón abandonado.
He vivido la soledad en compañía, es difícil de explicar, pero es más difícil vivirla. Te agarras a cualquier tabla de salvación, en mi caso al deporte que siempre me ha apasionado, el fútbol. Jugar al fútbol en el equipo del pueblo me ayudaba a que el tiempo pasara más deprisa. Después llegó la época de entrenador, mucho más corta que la de jugador y bastante más dura y sacrificada. Ahí, en esos años, conocí al que es hoy el amor de mi vida. Era una más del grupo, trabajaba en la directiva como la que más. Ahí estaba, y yo sin saberlo.
Los libros fueron mi siguiente compañía. Me convertí en un devorador de historias. Mi mente empezó a darse cuenta de que había otros mundos por explorar, que la vida insulsa que llevaba, no me conduciría a nada bueno. Sé que los libros son buena compañía, pero no se pueden comparar con el calor humano, y éste, me faltaba desde hacía bastantes años. Desde que nació mi hija, aunque suene raro, empecé a sentirme más solo que nunca. Ya nada volvió a ser como antes. Me convertí en una especie de electrodoméstico que servía para traer el dinero a casa, y pasar el tiempo libre tumbado en aquel carísimo sillón, con cualquier libro entre las manos.
Mi cabeza explotó. No hay nada que se controle menos que una cabeza enferma, y un corazón abandonado.
lunes, 4 de junio de 2012
EL SECRETO (3)
Samuel, que así se llamaba el hijo, palideció ante lo que estaban viendo sus ojos, no lo podía creer.
- ¿Qué te pasa Samuel?, pareciera que has visto un fantasma. - Le dijo su padre con una sonrisa y una mirada tranquilizadora.
- Es que, es imposible, ¿cómo....?.
Se acercó a su hijo y le puso la mano sobre el hombro para tratar de calmarlo, mientras con la otra tomaba el álbum de fotos.
- Enseguida lo entenderás, déjame explicártelo. - Abrió el álbum y fue pasando retratos hasta llegar a aquél que había provocado que su hijo tuviera aquella reacción, por otra parte, ya prevista por él.
- Si, explícamelo, porque no entiendo nada. -En sus ojos se podía leer la curiosidad que sentía en esos momentos.
lunes, 28 de mayo de 2012
EL SECRETO (2)
Aquel aprendiz de escritor, pretendía que sus textos tuvieran vida, alma propia. Intuía que nunca lo conseguiría, eso sólo lo consiguen los genios de la literatura, pero él no cejaba en su empeño. Su cabeza se había convertido en un hervidero de ideas, había entrado en un mundo fantástico, desconocido hasta hacía poco tiempo, y le había encandilado. Era el poder de las letras, de la imaginación, su mundo, en el que últimamente andaba sumergido, hasta el punto que juntar letras se había convertido en algo mágico para él. Sentía que vivía en un mundo paralelo, se encontraba muy a menudo fuera de la realidad y hasta sus sueños se estaban viendo invadidos por extraños personajes y situaciones más bien surrealistas. Lo que nunca hubiera podido imaginar, es que la historia que acababa de empezar a contar, recién engendrada en su cabeza, se iba a convertir en su peor pesadilla.
jueves, 24 de mayo de 2012
EL SECRETO
En aquella oscura buhardilla, solamente iluminada por los haces de luz que se colaban por las viejas y agrietadas contraventanas, se escondía el gran secreto.
Se había transmitido de generación en generación, y ahora se encontraban en el último tramo de la escalera de caracol que les conducía a padre e hijo a conocer la verdad, una verdad que a lo largo de los años habían sabido guardar con recelo y eficacia. Introdujeron la llave en la cerradura y la hicieron girar. Tras varios chasquidos, el burlón de la cerradura cedió, y la puerta se abrió con un fuerte quejido. Encendieron la luz de la sucia y polvorienta bombilla que colgaba del techo, que no hizo más que mezclarse con el polvo que reinaba en el ambiente. El padre decidió encender la linterna que llevaba en la mano, y dirigió la luz hacia un baúl que se encontraba en un rincón. Hacía bastantes años que nadie subía a aquella estancia. Los ratones corrían entre sus piernas asustados, en todas direcciones. Se encaminaron hacia al baúl, los pocos metros que les separaban, eran una selva de telarañas y objetos de todo tipo repartidos por el suelo. Llegaron al baúl, no sin dificultad, y éste se encontraba cerrado con dos candados grandes y llenos de herrumbre. El padre dirigió la luz de la linterna hacía un manojo de llaves que sacó de su bolsillo. Tras varios intentos, consiguió abrir el primer candado. En el rostro de su hijo se reflejaba la tensión y el nerviosismo del momento. El segundo candado consiguió abrirlo con más facilidad. Cedió la linterna a manos de su hijo y se dispuso a levantar la tapa del polvoriento baúl. La levantó lentamente, observando de reojo la reacción del chico. Se asomó y sacó una pequeña caja, la abrió y le dio el contenido a su hijo. Extrajo de su interior unos álbumes, los abrió, eran fotos, fotos de sus antepasados. Fue observando atentamente, una a una, despacio, recorriendo con la mirada cada rincón, cada pequeño detalle que ofrecían aquellos amarillentos retratos. Su rostro palideció por momentos, sus ojos no podían pestañear, se quedó paralizado, y sólo pudo balbucear unas palabras.
- Tú... Tú... No puede ser... ¿Qué haces tú aquí?.
Se había transmitido de generación en generación, y ahora se encontraban en el último tramo de la escalera de caracol que les conducía a padre e hijo a conocer la verdad, una verdad que a lo largo de los años habían sabido guardar con recelo y eficacia. Introdujeron la llave en la cerradura y la hicieron girar. Tras varios chasquidos, el burlón de la cerradura cedió, y la puerta se abrió con un fuerte quejido. Encendieron la luz de la sucia y polvorienta bombilla que colgaba del techo, que no hizo más que mezclarse con el polvo que reinaba en el ambiente. El padre decidió encender la linterna que llevaba en la mano, y dirigió la luz hacia un baúl que se encontraba en un rincón. Hacía bastantes años que nadie subía a aquella estancia. Los ratones corrían entre sus piernas asustados, en todas direcciones. Se encaminaron hacia al baúl, los pocos metros que les separaban, eran una selva de telarañas y objetos de todo tipo repartidos por el suelo. Llegaron al baúl, no sin dificultad, y éste se encontraba cerrado con dos candados grandes y llenos de herrumbre. El padre dirigió la luz de la linterna hacía un manojo de llaves que sacó de su bolsillo. Tras varios intentos, consiguió abrir el primer candado. En el rostro de su hijo se reflejaba la tensión y el nerviosismo del momento. El segundo candado consiguió abrirlo con más facilidad. Cedió la linterna a manos de su hijo y se dispuso a levantar la tapa del polvoriento baúl. La levantó lentamente, observando de reojo la reacción del chico. Se asomó y sacó una pequeña caja, la abrió y le dio el contenido a su hijo. Extrajo de su interior unos álbumes, los abrió, eran fotos, fotos de sus antepasados. Fue observando atentamente, una a una, despacio, recorriendo con la mirada cada rincón, cada pequeño detalle que ofrecían aquellos amarillentos retratos. Su rostro palideció por momentos, sus ojos no podían pestañear, se quedó paralizado, y sólo pudo balbucear unas palabras.
- Tú... Tú... No puede ser... ¿Qué haces tú aquí?.
domingo, 22 de abril de 2012
EL AULLIDO DEL LOBO
Había una vez, una niña llamada Eva, su cabello era negro como el carbón, y sus ojos oscuros como el azabache. Tenía la piel blanca como las nubes del cielo y sus labios rojos como los fresones.
Eva era una niña valiente y un tanto alocada,siempre estaba buscando aventuras, por lo que, cada vez que salía del colegio, se dirigía a su casa, comía rápidamente y salía disparada a la sierra que había cerca de su casa. Allí imaginaba que estaba en mitad de la selva, veía en su mente a monos saltando de rama en rama, en cualquier pajarillo creía ver un ave rapaz de grandes dimensiones, y así, se le pasaban las horas sin darse cuenta.
Muchos días, le acompañaba en sus aventuras su hermano David, que era un año mayor que ella. También tenía el cabello oscuro y los ojos marrones de forma almendrada. Era algo más tímido y menos alocado que su hermana. Una tarde, salieron juntos a la sierra, y de repente, escucharon a lo lejos unos fuertes aullidos de dolor. Se dirigieron rápidamente hacía el sitio donde provenía ese sonido tan escalofriante. Una vez alcanzada la cima del monte, vieron como un lobo estaba atrapado en un cepo y se retorcía de dolor. Se acercaron un poco más, y pudieron ver que tenía una pata rota, y sangraba abundantemente. Decidieron ir en busca de ayuda rápidamente. Al llegar a su casa, informaron a su padre de lo que habían visto, y éste, sin dudarlo ni un momento, salió acompañado de los niños, en busca de la ayuda de un veterinario. Cuando le encontraron, se encaminaron sin pérdida de tiempo, dirigidos por Eva y su hermano David, al lugar donde se encontraba el lobo. Conocían aquel lugar perfectamente y enseguida encontraron al pobre lobo herido. Entre el veterinario y el padre de los niños, consiguieron abrir el cepo. El veterinario taponó la herida de la pata del lobo, y se lo llevaron a su clínica. Allí más tranquilamente, entablilló la pata del lobo, y consiguió calmar los aullidos de dolor.
Eva le dijo a su padre que se llevaran al lobo a casa de su abuelita, mientras éste se reponía. A su hermano David se le ocurrió una fantástica idea. Llevarían al lobo a un parque natural que había en un pueblo cercano, y así, Eva y él, podrían ir de vez en cuando a visitarlo, en un sitio donde su nuevo amigo, estaría bien cuidado y protegido de las trampas de los cazadores.
Eva era una niña valiente y un tanto alocada,siempre estaba buscando aventuras, por lo que, cada vez que salía del colegio, se dirigía a su casa, comía rápidamente y salía disparada a la sierra que había cerca de su casa. Allí imaginaba que estaba en mitad de la selva, veía en su mente a monos saltando de rama en rama, en cualquier pajarillo creía ver un ave rapaz de grandes dimensiones, y así, se le pasaban las horas sin darse cuenta.
Muchos días, le acompañaba en sus aventuras su hermano David, que era un año mayor que ella. También tenía el cabello oscuro y los ojos marrones de forma almendrada. Era algo más tímido y menos alocado que su hermana. Una tarde, salieron juntos a la sierra, y de repente, escucharon a lo lejos unos fuertes aullidos de dolor. Se dirigieron rápidamente hacía el sitio donde provenía ese sonido tan escalofriante. Una vez alcanzada la cima del monte, vieron como un lobo estaba atrapado en un cepo y se retorcía de dolor. Se acercaron un poco más, y pudieron ver que tenía una pata rota, y sangraba abundantemente. Decidieron ir en busca de ayuda rápidamente. Al llegar a su casa, informaron a su padre de lo que habían visto, y éste, sin dudarlo ni un momento, salió acompañado de los niños, en busca de la ayuda de un veterinario. Cuando le encontraron, se encaminaron sin pérdida de tiempo, dirigidos por Eva y su hermano David, al lugar donde se encontraba el lobo. Conocían aquel lugar perfectamente y enseguida encontraron al pobre lobo herido. Entre el veterinario y el padre de los niños, consiguieron abrir el cepo. El veterinario taponó la herida de la pata del lobo, y se lo llevaron a su clínica. Allí más tranquilamente, entablilló la pata del lobo, y consiguió calmar los aullidos de dolor.
Eva le dijo a su padre que se llevaran al lobo a casa de su abuelita, mientras éste se reponía. A su hermano David se le ocurrió una fantástica idea. Llevarían al lobo a un parque natural que había en un pueblo cercano, y así, Eva y él, podrían ir de vez en cuando a visitarlo, en un sitio donde su nuevo amigo, estaría bien cuidado y protegido de las trampas de los cazadores.
martes, 28 de febrero de 2012
MENSAJE DE HUMO
Ya no podía más. Aquél hombre se sentía
hastiado. Cansado de su situación, decidió ir en busca de sus mejores armas.
Entró en su despacho y abrió un cajón de su mesa de melamina de color nogal que nada tenía que ver con la de su antigua casa , una mesa hecha a medida en caoba con incrustaciones de marquetería que era una auténtica joya. De su interior sacó las armas que él mejor manejaba. Cogió una de las plumas de su colección, regalo de su nueva esposa con motivo del primer aniversario de su matrimonio y un taco de folios en los que pretendía plasmar su lucha interna para hacer desaparecer esa extraña sensación que sentía en su interior, unos sentimientos a los que no estaba acostumbrado y que le hacían sentirse mala persona.
Se encerró
en su pequeño despacho, que ofrecía una apariencia recogida y limpia, tenía
todo lo que necesitaba a mano. Se acomodó en su sillón de cuero negro y comenzó
a descargar sobre el papel todo lo que en esos momentos sentía.
“Quiero deshacerme de estos pensamientos nocivos que me torturan, de estas sensaciones tan extrañas para mí, nunca he sentido esta pesadumbre que me acongoja y no me permite dejar atrás una vida que ya terminó, ¿por qué tanta maldad en tus actos? ¿Tanto rencor en tus palabras?
“Quiero deshacerme de estos pensamientos nocivos que me torturan, de estas sensaciones tan extrañas para mí, nunca he sentido esta pesadumbre que me acongoja y no me permite dejar atrás una vida que ya terminó, ¿por qué tanta maldad en tus actos? ¿Tanto rencor en tus palabras?
Libérame. No
alteres mis sueños. Te veo correr hacía mí en un largo y frío pasillo,
iluminado con una brillante y potente luz que me ciega la visión, te vas acercando ágilmente, ya
estás aquí, puedo adivinar en tus manos un objeto que brilla y que empuñas con
las dos manos levantadas, un cuchillo, noto que un sudor frío me recorre la
espalda, el terror no me deja reaccionar y me quedo paralizado, cuando siento
la fría y afilada hoja penetrando en mi interior, me despierto bruscamente y
entre gritos de la pesadilla que cada noche se repite".
En el interior de aquel hombre desesperado algo se iba removiendo, sentía el reflujo en su pecho y en su garganta el sabor amargo de la bilis. Mientras escribía, las lágrimas le resbalaban por las mejillas emborronando las letras, pero le daba igual. Pretendía destruir todo lo que hubiera escrito en el fuego de la chimenea del salón y convertir sus palabras en humo para mandar un mensaje que llegara a su destinatario y hacerle comprender que su odio y su rencor no conseguirían cambiar la felicidad y el amor que había encontrado con su nueva esposa.
"Estoy cansado y aturdido, cada llamada de teléfono es un sin vivir, deja ya de provocarme y vejarme, de insultarme cada vez que puedes y sobre todo aquella vez que lo hiciste delante de nuestra hija, y a mi mujer, sí, esa a la que tu llamas... ¿Cómo era? esa guarra, sí, así llamas a la mujer que cuida de tu hija como si fuera la suya propia, si pudieras ver los abrazos y los besos que se dan, las confidencias entre ellas y la felicidad que siento al verlas sonreír...pero no, te obcecas y no quieres ver la realidad, ¿no puedes entender que ya se terminó y que ahora ya eres un personaje secundario en mi vida, que lo que tienes que buscar es la felicidad de esa niña que es lo más grande de nuestras vidas? ¿no puedes entender eso?. Siento rabia y necesito expulsarla de mi interior y pasar página, déjame hacerlo, no me hagas sufrir más, siempre estarás ahí, lo sé, es inevitable, pero intentemos hacer que las cosas sean sencillas, que los veinte años que estuvimos juntos queden como un buen recuerdo y no como un tiempo perdido en una vida que pasa rápido y cuando te quieres dar cuenta, voló. Tenemos una segunda oportunidad, y yo la quiero aprovechar, volver a sentir ese amor, esa pasión, esos sentimientos que un día tuvimos y ya desaparecieron para no volver”.
Sus manos temblaban, recordaba el día en que volvió a casa de sus padres, un día triste y frío de enero. Aquella tarde salió hacía su trabajo y se despidió de su hija con un beso y un abrazo más efusivo de lo normal.
En el interior de aquel hombre desesperado algo se iba removiendo, sentía el reflujo en su pecho y en su garganta el sabor amargo de la bilis. Mientras escribía, las lágrimas le resbalaban por las mejillas emborronando las letras, pero le daba igual. Pretendía destruir todo lo que hubiera escrito en el fuego de la chimenea del salón y convertir sus palabras en humo para mandar un mensaje que llegara a su destinatario y hacerle comprender que su odio y su rencor no conseguirían cambiar la felicidad y el amor que había encontrado con su nueva esposa.
"Estoy cansado y aturdido, cada llamada de teléfono es un sin vivir, deja ya de provocarme y vejarme, de insultarme cada vez que puedes y sobre todo aquella vez que lo hiciste delante de nuestra hija, y a mi mujer, sí, esa a la que tu llamas... ¿Cómo era? esa guarra, sí, así llamas a la mujer que cuida de tu hija como si fuera la suya propia, si pudieras ver los abrazos y los besos que se dan, las confidencias entre ellas y la felicidad que siento al verlas sonreír...pero no, te obcecas y no quieres ver la realidad, ¿no puedes entender que ya se terminó y que ahora ya eres un personaje secundario en mi vida, que lo que tienes que buscar es la felicidad de esa niña que es lo más grande de nuestras vidas? ¿no puedes entender eso?. Siento rabia y necesito expulsarla de mi interior y pasar página, déjame hacerlo, no me hagas sufrir más, siempre estarás ahí, lo sé, es inevitable, pero intentemos hacer que las cosas sean sencillas, que los veinte años que estuvimos juntos queden como un buen recuerdo y no como un tiempo perdido en una vida que pasa rápido y cuando te quieres dar cuenta, voló. Tenemos una segunda oportunidad, y yo la quiero aprovechar, volver a sentir ese amor, esa pasión, esos sentimientos que un día tuvimos y ya desaparecieron para no volver”.
Sus manos temblaban, recordaba el día en que volvió a casa de sus padres, un día triste y frío de enero. Aquella tarde salió hacía su trabajo y se despidió de su hija con un beso y un abrazo más efusivo de lo normal.
“Mi mente ya no aguantó más, estaba enfermo, sentía una fuerte opresión en el pecho, las lágrimas brotaban de mis ojos sin saber porqué, mis brazos y piernas temblaban, sudaba a pesar del intenso frío y apenas podía respirar, era como si unas manos invisibles me apretaran el cuello, el pecho me estallaba, me monté en el coche y me dirigí a mi trabajo, al que llegué casi por inercia, como si flotara por la carretera y una vez allí supe que ya no volvería más a esa casa, la que había sido mi hogar los últimos ocho años de mi vida, en la que había sentido en los últimos tiempos la más absoluta de las soledades, ¿se puede llamar hogar a un sitio donde uno se siente como un extraño?
Estuve toda la tarde paralizado, no me atrevía a tocar ninguna máquina de mi taller, los dedos no se venden en la ferretería, por lo que me acomodé en la vieja silla de la sucia y desordenada oficina, intentando controlar mi mente y mis emociones, mientras deseaba que aquella tarde pasase sin que ningún cliente se acercara y pudiera encontrarme en aquel estado de nervios y desazón que me envolvían”.
Pasado un tiempo, que no se
atrevería a calcular, el que llegó al taller fue su padre, que de vez en cuando
se acercaba por allí, para hacer una visita y preguntarle si necesitaba ir a
algún recado o lo que fuera menester.
— Papá, llévame a casa, ya no aguanto
más — me abracé a mi padre y rompí a
llorar en su hombro como cuando era un niño y encontraba la protección de sus
fuertes brazos. — Tranquilízate hijo, cuéntame que te ha
pasado y no llores más — me dijo mi padre abrazándome y pasándome la mano por
la espalda de arriba a abajo en un gesto de cariño.
— Creo que te lo puedes imaginar, papá, no puedo volver con esa mujer, ya no puedo más — no podía parar de llorar y temblar, apenas podía respirar y sentía que las piernas me fallaban.
— Creo que te lo puedes imaginar, papá, no puedo volver con esa mujer, ya no puedo más — no podía parar de llorar y temblar, apenas podía respirar y sentía que las piernas me fallaban.
— Venga,
móntate en el coche y sosiégate, que mientras yo cierro las puertas del taller — me dijo con el cariño que solo un
padre puede dar en esa situación.
Al llegar a casa de mis padres la escena volvió a
repetirse, ésta vez abrazado a mi madre, mientras sollozaba entre lágrimas “mi
hija, la pobre de mi hija, mi hija, que va a pasar ahora con ella”
La soledad que tenía en su casa pronto finalizaría, sabía que su mujer llegaría en unos pocos minutos, y se encaminó hacia el salón con su escrito en las manos, dispuesto a quemarlo en el fuego de la chimenea, no estaba dispuesto a compartir con nadie la amargura de sus palabras. Mientras se iba deshaciendo de sus folios uno a uno, con el pensamiento y el deseo que todo lo que le corroía por dentro acabara, escuchó el tintineo de unas llaves al otro lado de la puerta, escuchó como unos pasos se acercaban por el pasillo hacía el salón mientras una voz le llamaba.
— ¡Esposo, ya estoy en casa! — Dijo su mujer con un sonido alegre y dicharachero —. ¿Dónde estás, cariño? — Preguntó con un susurro tierno y dulce.
— Estoy en el salón — respondió con voz nerviosa echando al fuego todos los papeles que le quedaban. Ven y arrímate al fuego que debes tener frío, ¿qué tal el trabajo?
Aquella tarde ella no había ido a trabajar, había pedido la tarde libre para acudir a una cita muy importante, para ella la más importante de su vida.
Llegó al salón y se dieron un beso en los labios.
— Te noto un poco nervioso, ¿te pasa algo?
— ¿Eh? no, nada, nada en especial, solo pensaba que sí sería cierto que si uno cierra los ojos muy fuerte y pide un deseo, éste se haría realidad, al menos eso es lo que me decía mi madre de pequeño, pero nunca lo puse en práctica.
— Esta tarde no he ido al trabajo — le dijo mientras se quitaba el abrigo verde que él le había regalado hacía unos días para los reyes y que tanto le había gustado —. Y si, si lo pusimos en práctica, hace unos dos meses, ¿te acuerdas? — Le cogió las dos manos y se las pasó por su vientre —. ¿Recuerdas lo que deseamos con tanta fuerza aquella noche delante de ésta misma chimenea? La carta que escribimos los dos y que luego quemamos, dijiste que el humo de ese papel volaría tan alto que alguien de ahí arriba nos ayudaría a cumplir nuestro deseo, y se ha cumplido, aquí dentro, en mis entrañas, ha brotado una nueva vida.
Se fundieron en un emocionado abrazo,
mientras él le susurraba al oído: Ahora lo sé, mi vida, todo irá bien.
miércoles, 15 de febrero de 2012
SUEÑOS
Hay personas que persiguen un sueño, más o
menos complicado, pero todos luchan buscando un mismo objetivo, no se rendirán
hasta conseguirlo, aunque hay sueños que por mucho que anheles, nunca se podrán
conseguir, todo depende de lo alto que cada cual ponga el listón a sus deseos.
Buscamos la felicidad, el amor eterno, la
pasión desenfrenada, queremos tener un trabajo estable y bien remunerado, una
gran casa, el mejor coche, el último modelo de teléfono móvil… Y nunca nos
acordamos de cuidar una de las cosas más importantes de nuestra vida, los amigos,
los de verdad, los que tú has elegido para acompañarte en cualquier momento de
tu vida, la familia te toca, los amigos los eliges tú.
Siempre he sido muy reticente con las nuevas
tecnologías, hasta hace unos meses, que por la insistencia de mi mujer y mis
hijos, decidimos adquirir un ordenador portátil y poner internet en casa, no lo
veía muy claro, pero acepté.
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