Aquella pareja de recién casados fue recibida, al descender
del tren, por un fino velo de lluvia sobre sus cabezas. Oscurecía. La ciudad
eterna les recibía bajo un cielo lúgubre. Cargados con sus pesados equipajes,
se disponían a buscar el hotel en el que pasarían los siguientes siete días.
Salieron de aquella imponente estación (todo en aquella ciudad era colosal) por
una puerta en la que gran cantidad de indigentes, protegidos por unos enormes
soportales, se disponían a pasar la noche tumbados sobre unos cartones a modo
de colchón. Los dejaron a un lado, no sin una desconfiada mirada de reojo,
agarrando fuertemente sus pertenencias y a paso ligero. Él, con su “sagaz”
instinto de orientación, consultó un mapa recién recogido de la oficina de
información, y decidió la dirección que iban a tomar.
domingo, 21 de abril de 2013
Setecientos treinta
lunes, 24 de diciembre de 2012
RECUERDOS
Última noche en
que "Encarna la del Manila", mi madre, friega los pasillos de esta centenaria casa.
Por ella han pasado varias generaciones de esta familia. Recuerdo a la
abuela Carmen sentada en su sillón de anea. ¡Cómo nos gritaba a mis hermanos y
a mí! Aquella zapatilla lanzada por mi madre, dirigida a nosotros y aterrizó en
la cabeza de la abuela. — ¡Que me has
pegado, gran puta! — Le gritaba a mi
madre, mientras nosotros nos meábamos de risa.
domingo, 18 de noviembre de 2012
MIENTRAS DUERMES
Duermes.
Sentado a tu lado escucho tu respiración. Tu pequeña congestión te hace
respirar con la boca abierta. Sigues con las gafas puestas, pero no te
molestan en tu profundo sueño. Un mechón de pelo cae sobre tu cara.
Inconscientemente lo retiras con un agil movimiento de tu mano
izquierda. Relajada en el sillón. Los cinco días de descanso que vienen
tienen mucha culpa de ello, te los mereces. Me gusta verte dormir, pero
me gusta más verte despertar, cada mañana, a mi lado.
Mamen Matamoros, pienso en tí cada minuto de mi vida. Te amo.
sábado, 6 de octubre de 2012
ES TIEMPO DE MANZANAS
Siete y media de la mañana.
Hace cinco minutos que sonó el despertador de su marido. Se despierta
sobresaltada y se levanta de la cama de un brinco. Mira el reloj, “es
tardísimo”, piensa. Busca en el suelo la ropa interior y el pantalón del pijama
de franela, al que su marido llama “el traje de astronauta”, no hay nada de
carne al aire. Se pone la bata y las zapatillas de andar por casa. Pasa por
delante de la cómoda y se ve reflejada en el espejo. Como cada mañana, no le
gusta lo que ve. “Que mala cara tengo”.
martes, 18 de septiembre de 2012
EL SECRETO (6)
La hora de su cita se aproximaba y su inquietud
aumentaba por momentos. Se había puesto una camisa de seda blanca y una corbata
gris, unos pantalones vaqueros negros y una americana a juego. Algo en su
interior le decía que un peligro se cernía sobre él, pero rápidamente se
quitaba esa absurda idea de la cabeza. ¿Quién podía ser DR? ¿Algún bromista? No
conocía a nadie con esas iniciales. ¿Qué le podía hacer Ana? Era una chica
adorable y parecía bastante sincera cuando había hablado con ella. Le había
ayudado mucho en sus investigaciones sobre el código que andaba buscando.
<<El código>> — Pensó.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Mis primeras letras impresas
En
el siguiente enlace, concretamente en la página 106, podéis compartir
conmigo la emoción que sentí al ver impresas por primera vez mis
palabras. Se trata del relato con el que gané un concurso, titulado
"Como cada Lunes". Creo que merece la pena que el que no lo haya leido
hasta ahora, le eche un vistazo.
http:// www.fuentedelmaestre.es/ contenido.php?id_area=36
domingo, 9 de septiembre de 2012
DESDE MI CORAZÓN
Todos los días, reflejabas en tu cuaderno esos
pequeños detalles de la vida, que engrandecen a una persona.
Dejaste marcado en tinta el paso de una vida, hasta que un día, no pudiste recordar...
— Herminia, ¿qué puedo escribir?, no recuerdo nada de lo que he hecho en todo el día…
Ahora, y con tu permiso, cojo el relevo para continuar con tu diario y te hago un pequeño resumen de lo que han sido nuestras vidas desde que te marchaste.
Dejaste marcado en tinta el paso de una vida, hasta que un día, no pudiste recordar...
— Herminia, ¿qué puedo escribir?, no recuerdo nada de lo que he hecho en todo el día…
Ahora, y con tu permiso, cojo el relevo para continuar con tu diario y te hago un pequeño resumen de lo que han sido nuestras vidas desde que te marchaste.
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